A comienzos del siglo XX, el mundo cuenta con una nueva fuente de energía muy poderosa y aparentemente inagotable, el petróleo y los combustibles fósiles.  Estos alimentan los motores de combustión de barcos, aviones, automóviles… así como las plantas térmicas para la producción de energía eléctrica.
En los siglos anteriores se dependía, por ejemplo,  del viento para navegar y pescar, mover molinos… de la tracción animal para el trabajo en el campo, la ganadería o para el transporte, de los árboles para la leña, de la luz del sol para ver, etc.
A partir del avance técnico  y de la disposición de una fuente de energía poderosa y muy abundante, el siglo XX arranca con una posición fuertemente antropocéntrica en la que el hombre cree que ya no debe depender más de la naturaleza e incluso puede dominarla y desvincularse de ella. Es una época muy optimista y expansiva. Es la época maquinista, donde las máquinas pasan de la industria (s. XIX), a las personas (s.XX): el coche, el avión comercial, el paquebote, la máquina de escribir,  la televisión, la radio, los electrodomésticos, el reloj de pulsera, el bolígrafo, la máquina de fotos, el tocadiscos, el ascensor, el radiador, el aire acondicionado, la cocina eléctrica…
Como adelantó Friedrich Nietzsche a finales del siglo XIX, esta nueva posición derivaría hacia una sociedad que ya no se apoyaría en la religión (“Dios ha muerto”), sino que creería poder dominar a la naturaleza incluso  controlar  y formular su futuro.
Efectivamente, en el siglo XX, las religiones se cambian por las ideologías y los manifiestos.
Las ideologías dejan a un lado el pasado, la mística,  la naturaleza, la biología, el mundo real   y tratan de plantear nuevos escenarios desde posiciones mentales abstractas, articuladas en manifiestos.
Aparecen manifiestos en política: el comunismo, el fascismo y el nazismo…
Aparecen en el mundo artístico: el cubismo, el surrealismo, futurismo, dadaísmo, arte abstracto…
Aparecen en arquitectura: el movimiento moderno.
Todo este camino se reforzaría posteriormente con la aparición de le energía atómica.
En el siglo XX, en resumen, el hombre ignora deliberadamente el sentido en el que se mueve la naturaleza, la biología, la física… Se pretende eliminar la incertidumbre y conseguir la mayor seguridad. La naturaleza se asocia a incertidumbre.
El ser humano se siente cada vez más poderoso y capaz de realizar y controlar su propio Universo.
La estrategia dominante en el siglo XX, proponiendo una analogía, era la del Sumo frente a la estrategia del Judo. En el Judo, se trata de recoger la fuerza del rival para aprovecharla en el propio beneficio. En el Sumo, simplemente se trata de empujar más fuerte que tu rival.
El siglo XX es un siglo fundamentalmente antientrópico.
El siglo XX y su mentalidad todopoderosa comienza a desmoronarse en al año 1.973.
En ese año, la crisis del petróleo rompía la ilusión de una energía infinita y disponible. Se empiezan a hacer cálculos sobre recursos y, como no se perciben escenarios alternativos, surgen predicciones apocalípticas respecto al futuro de la humanidad.
También comienzan a hacerse notar los efectos de la contaminación, agravados por accidentes como el de Chernobyl o el del petrolero Exxon Valdez.
Aunque el siglo XX dio lugar a muchos avances, también generó grandes problemas.
El inicio del siglo XXI, se caracteriza por el abandono progresivo de las  posiciones rígidas y predeterminadas características del siglo XX hacia posiciones más flexibles y dinámicas.
Del siglo XX granítico a la modernidad líquida que señala Zygmunt Bauman.
De la Entropía entendida como Caos, a la Entropía entendida como el escenario más probable.
De la era maquinista, una época de objetos, a la era digital, una era de fenómenos.
En resumen, de un siglo que busca la seguridad y certezas absolutas (en el entorno, en el trabajo, en la familia, en las ideologías…) a un mundo efervescente y cambiante donde conviven muchos modelos que cambian continuamente.
En arquitectura las posiciones del siglo XX fueron muy radicales. Se produjeron avances muy importantes, como la introducción de nuevos materiales, nuevas técnicas constructivas, nuevos espacios adaptados a los nuevos modos de vivir y las nuevas tecnologías,  la desvinculación de la tradición clásica con un sentido estético muy encorsetado y anacrónico,…  
Pero la posición mental del siglo XX le lleva a ignorar cuestiones básicas como, poniendo un ejemplo algo simplista,  la orientación de un edificio. Se generan  edificios en altura  con todas las fachadas iguales. Si hace falta refrigerar se incorpora energía. Si hace falta calentar, lo mismo.
Los planteamientos del siglo XX en arquitectura se están poniendo en crisis para plantear nuevos escenarios.
Desde Vitruvio se estableció que los tres principios básicos de la arquitectura son: Fírmitas, Utilitas y Venustas.
Analizaremos brevemente los cambios en arquitectura entre el siglo XX y el siglo XXI desde estos tres principios. Usaremos el edificio Circle como ejemplo.
Fírmitas:
El concepto Firmitas tiene que ver con la resistencia.
En el siglo XX este concepto se entiende como dureza y durabilidad. Se construye en hormigón, por ejemplo, y se pretende que los edificios sean “para siempre”.
En realidad, en la civilización Occidental,  este concepto de resistencia procede prácticamente de los orígenes de la propia civilización.
Pero frente al concepto de resistencia asociado a la dureza y durabilidad, actualmente se propone un concepto de resistencia asociado a la acción de  mantenimiento, al reciclaje. En Oriente esta mirada ha formado parte de su civilización durante siglos.
En Europa, podemos ver monasterios de piedra en estado de ruina frente a monasterios sintoístas de madera, como el de Ise, en estado perfecto pues se reconstruye cada 20 años… desde hace 1.500 años.
Como imagen para estos dos conceptos de resistencia, podemos contraponer los colmillos de los elefantes, muy duros y durables pero que si se rompen quedan rotos y los dientes de los tiburones, que se pierden con gran facilidad pero se reponen constantemente.
Materiales sostenibles, reciclables, fácilmente sustituibles, que permitan ir actualizando la tecnología (como placas solares, filtros solares, vidrios de última generación…), con una huella de CO2 y de impacto sobre el territorio respetuosa con el medioambiente,… son los nuevos materiales.
En el siglo XX los materiales tenían que ver con lo físico: hormigón, acero, ladrillo.
En el siglo XXI los materiales tienen que ver con lo fenomenológico: sostenible, reciclable, sustituible, actualizable…

Fachada edificio Circle a base de cuerdas y de vegetación trepadora diversa adaptada al clima.

“lo blando es más fuerte que lo duro, el agua es más fuerte que la roca, el amor es más fuerte que la violencia” Herman Hesse
“be water my friend” Bruce Lee
Utilitas:
El concepto Utilitas tiene que ver con la utilidad.
En el siglo XX, maquinista, el aforismo paradigmático que se estableció fue: “la forma sigue a la función”. Encajaba perfectamente con los tiempos.
El icono es la Unité d´Habitation de Le Corbusier. Se determinan los itinerarios, el programa, el uso… ¡hasta el tipo de  mobiliario y su posición!
Los espacios del siglo XX (controlador y eficiente) son espacios calificados: dormitorio, cocina, comedor, entrada, sala de estar, lavandería, despensa, vestidor…
Hoy los usos son cambiantes y la función ha quedado diluida. En lo doméstico, por ejemplo, hay tantos conceptos de familia como familias… y cambian en el tiempo.
La casa se puede usar  como oficina o gimnasio. El comedor quizás suela ser el bar de la esquina y la cocina suela ser el restaurante de comida a domicilio.
Actualmente se proponen espacios cualificados más que calificados. Tienen más que ver con la cantidad de luz, sus vistas, su privacidad visual y acústica, su espacialidad, su ventilación, su accesibilidad, su acceso al wifi…
Conecta con los espacios tradicionales como el patio, la pérgola, el porche, la buhardilla, el umbral… Ninguno de estos espacios tienen un uso específico pero todos tienen una clara cualidad espacial.
Esta cualificación de los espacios, por supuesto, debe ponerse del lado de la entropía: aislamiento, ventilación cruzada, filtros, materiales sostenibles, orientación adecuada… Se trata de que los edificios recuperen la conexión con la naturaleza de tal manera que el propio clima trabaje a favor del confort de los edificios.
Para los sistemas activos, necesarios para complementar ese confort inicial, la idea es  mínimo consumo: led, sistemas de calefacción de baja temperatura… Además, la  recuperación de conceptos como el uso inteligente: frente a climatizar toda la vivienda de una manera indiscriminada, gestionar los sistemas activos de una manera eficiente, como los antiguos braseros que aportaban calor sólo al ámbito necesario.
Estos sistemas activos deben estar complementados por sistemas de recuperación y reutilización del agua, por generación de energías renovables (solar, eólica), geotermia, etc.
En resumen, de una arquitectura de espacios biunívocos, como las máquinas del siglo XX, a una arquitectura de espacios entendidos como plataformas versátiles de interacción, como los dispositivos del siglo XXI.
De espacios calificados a espacios cualificados.

Atmósfera interior del  edificio Circle. La luz a través de patios, la construcción e instalaciones vistas, las circulaciones diáfanas  y la  vegetación crean una atmósfera que gravita entre el espacio interior y el exterior. Similar a las galerías comerciales. Esta atmósfera es la que domina el espacio y permite absorber, como en este edificio, la fuerte carga de elementos de interiorismo y decoración  incorporados por la propiedad. El edificio es similar a un dispositivo. Es el usuario final el que incorpora el contenido y termina de activar el espacio

Otra reflexión sobre la Utílitas es el alcance del trabajo del arquitecto.
En el siglo XX, controlador al límite, la labor del arquitecto pretende abarcarlo todo, llegando hasta el mobiliario, su posición, los puntos de vista desde los que percibir el espacio etc.
Ello dio lugar a espacios muy fotogénicos pero que derivaron hacia una posición muy museística y poco apta para la incorporación de nuevas situaciones.
En consecuencia, se produjo un cierto distanciamiento entre la sociedad y la labor del arquitecto. Se valoraba el trabajo del arquitecto como diseño elaborado pera a la vez generaba rechazo el encorsetamiento que ese diseño generaba, llegando incluso a hacer inviables la actividad en algunos  espacios.
En películas como “Mi tío” (1.958) de Jacques Tati, se parodia este concepto de arquitectura sobrediseñada. El Sr. Hulot (tío de Gerard) hace el papel del niño que se atreve a decirle al Rey que va desnudo.
En la película “El guateque” (1.968) de Blake Edwards hay que destruir la vivienda hiperdiseñada para poder vivirla y disfrutar de la fiesta.

Sobre la película “El guateque”, guardar un recuerdo a la memoria del esquiador olímpico “Spider” Sabitch, asesinado impunemente por la protagonista de la película, Claudine Longet, unos años después.

Actualmente, al generar espacios más formulados que formados, más atmosféricos que funcionalistas, me parece un valor la capacidad de estos espacios de ir incorporando acciones diferentes a lo largo del tiempo.
Como en los dispositivos digitales, la labor del diseñador genera una potencialidad y es el usuario quien debe activar el espacio.
De la figura del  ConSumer, que es receptor pasivo de un objeto acabado (televisión, máquinas), a la figura del ProSumer, que es consumidor y generador  del objeto de consumo (twitter, facebook, whatsapp, youtube, wikipedia, tiktok, instagram…)
En el arte, vemos el desplazamiento del Plano del Cuadro, que es el plano desde el que proyecta el artista.
En el mundo clásico se pone el acento en el objeto representado.
En el siglo XX, el siglo de los –ismos, es el propio autor el protagonista de la obra
Actualmente, es el espectador el que activa la obra, el protagonista de ella.
Venustas:
El concepto Venustas tiene que ver con la belleza.
Es un concepto subjetivo y menos tangible que los dos anteriores. Lo relacionaré aquí con el equilibrio entre Naturaleza y Artificio.
Si analizamos un espacio como Mallorca, por ejemplo,  nos damos cuenta de que la naturaleza “pura”, prácticamente no existe.
En las montañas, los bancales permiten aprovecharlas para su cultivo.
En el llano, los algarrobos, almendros, olivos, vid, cipreses, etc., no responden a un asentamiento vegetal natural, sino a la mano del hombre a través de los siglos. Hasta los pinos fueron traídos por el hombre.
La configuración del territorio rural mediante paredes de piedra también responde a la mano del hombre.
Las zonas protegidas de la costa se transformaron en puertos…
Pero hasta el siglo XX, esta transformación del espacio natural, aprovechaba la orografía, el clima, los materiales de la zona, etc. de tal manera que se generaba un paisaje artificial en simbiosis con el natural. Un paisaje artificial natural.
En el siglo XX  se planifican ciudades “ideales”, independientes del entorno en el que se ubican. Se piensa mucho en eficiencia, circulaciones, movimientos demográficos… pero la integración en el medio no es parte de la ecuación.
En el siglo XX, por tanto,  el espacio artificial y el natural se desvinculan. Surgen ciudades como Brasilia y propuestas excéntricas como el plan Voisin.
 Frente a las tramas antiguas, las ciudades mejoran en muchos aspectos. Pero la desvinculación del territorio también produce impactos negativos importantes. En Mallorca, esto es perceptible especialmente en las zonas de costa, en ámbitos como el Arenal de Palma y Llucmajor, Cala Major, Magalluf, etc.
Actualmente se propone recuperar la simbiosis entre Naturaleza y artificio. No se trata de pretender que el espacio sea virgen. Nunca lo ha sido desde que el hombre entró en juego. Se trata de volver a  trabajar la arquitectura como configuradora de paisaje.
Aparte del Urbanismo, la Composición arquitectónica también se enfoca de una manera diferente.
En el siglo XX, asociados a los diversos –ismos, se realizan edificios con composiciones a partir de criterios predeterminados.
Actualmente la configuración del edificio no viene determinada por unas leyes de composición, sino por la propia actividad cambiante, las  circulaciones, los elementos de protección climática... por toda la fenomenología asociada al edificio.

Fachada edificio Circle. Más que una composición formal, la vegetación y su evolución y el clima son los que conforman la imagen del edificio.

Frente a la belleza de una roca esculpida, predeterminada y cerrada, la belleza de esta arquitectura está más cerca de la belleza del fuego, del mar, del cielo con nubes.
Frente a la belleza de un ejército desfilando de una manera perfecta, la belleza de una bandada de estorninos.
Frente a la belleza de un Orden Formal, la belleza de un Orden Relacional.
Concluyendo, el siglo XX era autosuficiente, ensimismado y antientrópico.
Buscaba crear caminos predeterminados y controlados donde avanzar con seguridad y control total.
El siglo XXI se está moviendo en la dirección opuesta.
El siglo XXI se está moviendo hacia el lado de la Entropía.
Más que seguridad, busca la habilidad para navegar en rutas que se van reajustando.

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