Nota. Este texto es un extracto de unas conversaciones por Whatsapp desde el desacuerdo con un compañero arquitecto entre diciembre de 2.023 y febrero de 2.024.
En un momento de la conversación, me planteaba mi colega que:
“La emoción está en la forma (el resultado). Emociona Venecia por lo que es, no como un reflejo de su tiempo y lugar.
Los espacios están bien o no están bien, per sé. Si alguien fuera capaz de replicar
La Lonja y meternos dentro, sin explicarnos su historia, seguiría emocionando su belleza”.
Mi respuesta explica mi pensamiento sobre este tema:
JH: Me comentas que los edificios son emocionantes por sí mismos. Pura forma, sin más cuestiones. Me trasladas una lista.
Para empezar, podemos hablar de la Lonja de Palma.
La Lonja de Palma de Mallorca
Aunque ambos la tenemos en nuestra lista, la vemos de manera diferente. Desde mi punto de vista, el edificio de La Lonja NO es emocionante en sí mismo, sino en relación a todo su contexto. Si se pretendiese construir hoy un proyecto de espacio para exposiciones y alguien plantease el edificio de La Lonja, NO me parecería maravilloso ni emocionante. Me parecería paródico.
Si alguien plantease hoy como estadio de fútbol el Coliseo, o como capilla el Partenón, o hacer una estación de tren con un sistema roblonado… lo mismo.
La Lonja me parece emocionante desde su contexto.
Lo relacionaría con el final de la Edad Media, en que las sociedades teocéntricas y rurales derivan hacia el comercio y los burgos, las ciudades.
Lo relacionaría con la técnica. En ese momento, el arco ojival gótico, altísima tecnología importada de Francia, permitía de manera novedosa hacer edificios altos, luminosos y esbeltos.
Lo relacionaría con la Palma de la época, su esplendor económico y cultural.
Lo relacionaría con su lugar, con la tradición del marés y sus artesanos.
Lo relacionaría con otros edificios de Lonja, como la Lonja de seda en Valencia, buscando sus encuentros y singularidades.
Lo relacionaría con la propia biografía de su arquitecto, Guillem Forteza. Dónde se formó, qué referencias concretas tuvo. etc.
También con el recorrido histórico del edificio. Sus diferentes usos y su capacidad para incorporar hoy nuevos usos, como sala de exposiciones, por ejemplo (no me gustan los edificios como museos de sí mismos, me gustan los edificios en acción).
Pues bien, desde ahí, SÍ me parece emocionante el edificio de La Lonja de Palma. Pero, como indicaba, NO por él mismo de una manera descontextualizada. Si hubiese sido construido el año pasado, como ya he señalado, me parecería deleznable, de mal gusto y anacrónico (en grado superlativo).
Como sabes Le Corbusier criticaba en L'Espirit Nouveau que, a principios del siglo XX, ya habían aviones y paquebotes, pero sus compañeros arquitectos seguían construyendo con piedra y volutas. La piedra y volutas no son buenas ni malas. En el Partenón emocionan, en el siglo XX no.
Desde mi punto de vista, incluso si la construcción no responde a la mejor arquitectura canónica pero responde a su momento y lugar, la recojo en positivo y me parece estimulante.
La España de los 60, por ejemplo, salía de una postguerra muy gris. Con pocos medios y mucho optimismo, derivaba de la miseria y de lo rural hacia Torremolinos, el 600, el chiringuito, los souvenirs, la sangría, los bikinis...
Claro que no tenía el señorío y los valores decimonónicos, pero me parece una época estupenda. Muchas familias de Mallorca, por ejemplo, pasaron de la pobreza más absoluta y de la emigración al chaletito, al 600, al llaut recreativo, a las gafas de sol gigantes, a la camisa de solapas anchas con topos y desabrochada y, en el mejor de los casos, al rólex.
Me parece un cambio buenísimo.
Imágenes de la Mallorca rural de principios del siglo XX
Imágenes de la Mallorca turística de la década de 1960
En ese entorno, se construyó lo que se construyó: mucho en poco tiempo, con escasos medios y sin tener en cuenta el entorno ni la tradición (si bien se desarrollaban principalmente en espacios nuevos). Es fácil criticarlo, pero muchas familias mejoraron su vida y, por ejemplo, pudieron dar una educación o un futuro económico a sus hijos. Educación que ellos no tuvieron.
Luego, los hijos educados denostaron lo de sus padres.
Ahora estamos en otro momento, obviamente.
Pero a mí, es que me interesan más esos espacios algo caóticos pero efervescentes y llenos de vida, que esa imagen de ciudad idílica y acabada. Acabada en la triple acepción. Acabada como perfecta. Acabada como finalizada y acabada como muerta.
Pienso, insistiendo en lo comentado que, desde la actitud de avanzar y conectar con tu tiempo, puedes emocionar. No es seguro, pero ahí hay una oportunidad. Incluso fracasando, le veo el sentido a ese camino. El fracaso puede ser valioso pues dentro de los nuevos caminos señala lo que no funciona, como en los experimentos científicos.
Diría que estar conectado con tu tiempo es una condición necesaria, aunque no suficiente para lograr la emoción.
Desde el academicismo retrógrado, directamente la probabilidad de emocionar positivamente es nula, independientemente del objeto creado. Aquí el edificio, más o menos acertado, no aporta nada, pues trabaja sobre cuestiones baldías.
Por ahí te puedes mover entre la absoluta indiferencia, emoción 0, hasta el aborrecimiento. A este camino, no le veo sentido ni siquiera generando obras “bonitas”, que nunca serán bellas, pues la belleza es otro asunto y tiene que ver con la realidad y sus conflictos, con la verdad. Las actitudes con cinturón de seguridad que apelan al prestigio del pasado y se basan en recrearlo, no tienen conflicto, ni emoción, ni conexión con la realidad actual.
Los academicistas siempre son beligerantes con los cambios. La Ecole de Belles Arts de Francia, por ejemplo, criminalizó a los impresionistas que abandonaron los paradigmas clásicos y se centraron en el color. ¡Pero a mediados del siglo XIX apareció la fotografía!
Pintura academicista vs Pintura impresionista
¿Cómo, siendo pintor, se podía pretender que la aparición de la fotografía no importa?
¿Y cómo, siendo arquitecto, se puede pretender que el nuevo mundo digital, con todos sus cambios, no es el tema al que hay dar respuesta?
Insistes en ver los edificios como entes autónomos, como formas independientes de todo lo demás. Desde ahí, efectivamente estamos en planetas diferentes, sin ningún tipo de intersección. Si nos interesa lo mismo, será por casualidad y en todo caso lo veremos diferente y hablaremos de cosas diferentes.
Si crees que los espacios están bien por sí mismos, te recomendaría algunas réplicas de Venecia, hechas al milímetro. Las tienes en Estados Unidos y, por supuesto, en China.
Ventajas:
-La estancia, restaurantes y demás son más económicos.
-Los canales están limpios.
-Acudiendo a estas réplicas descongestionas el original.
-Nunca se inundan.
-Etc.
Imágenes de réplica de Venecia en Macao
Ya he expresado lo que me inspiran estos edificios fuera de contexto.
Pretender reproducir la emoción de Venecia reproduciendo sus formas, “labor vanus est”.
Pretender reproducir la emoción de Venecia atendiendo a su espíritu de vanguardia, creatividad, relación con el entorno, con sus actividades económicas y lúdicas, etc. “via excitans est.”
En este segundo caso las formas serán muy diferentes, pues responden a cuestiones, momentos y sensibilidades muy diferentes.
Incluso si argumentas que el edificio forma parte de un emplazamiento, en el caso de un edificio derribado, volverlo a reconstruir fuera de su momento, también me parece sin sentido. Me imagino que tú abogarías por la reconstrucción del foro de Roma o, sin haber pasado mucho tiempo, por la reconstrucción de las Torres Gemelas.
Yo reivindico obviamente el espíritu de la época, el zeitgeist, pero también el del lugar, el genius loci. Un edificio que puede estar muy bien en Mallorca, por ejemplo, quizás carezca de sentido en China o en Noruega.
En ambos casos se trata de que el sentido y la emoción de la arquitectura no son absolutos, sino relativos, es decir en relación. En relación a su tiempo y en relación a su lugar.
Cerrando, diría que ambos nos fijamos en la tradición y sus maestros y nos pueden incluso emocionar los mismos edificios.
Tú crees que las claves de la emoción están en las formas que se generaron.
Yo veo las claves en sus relaciones.
A modo de corolario, enunciaría: No copies las formas de los maestros. Copia su mirada. Ningún maestro haría hoy lo que hizo en otro momento y circunstancias.