EL ESPÍRITU DE LOS EDIFICIOS
Hace unos días se publicó en prensa la entrevista a un licenciado en historia, de cuyo nombre no quiero acordarme, que acababa de presentar su tesis doctoral. En ella planteaba que al incorporar en los edificios usos diferentes a los iniciales, estos edificios perdían parte de su esencia, de su espíritu.
Ponía como ejemplo el edificio de La Lonja de Palma de Mallorca. Actualmente se usa como soporte para instalaciones artísticas con gran éxito. Según su criterio este uso desvirtúa y viola la esencia del edificio, su espíritu. Desde su punto de vista habría que dejar al edificio limpio sólo para ser visitado.
Me parece interesante el planteamiento de este doctorado pues pone de manifiesto ciertos paradigmas obsoletos que creo es necesario desaprender.
Leí en algún lado que cuando el ejército americano empezó a combatir en la Primera Guerra Mundial, se encontraron con que las baterías de los imperios centrales disparaban con mucha mayor frecuencia y ello suponía una gran desventaja. El manual de instrucciones indicaba que había que contar 15 segundos tras cargar los cañones antes de disparar. Un mando preguntó sobre la causa y le explicaron que era para no sobrecalentar el acero de los cañones. Tras investigarlo, el mando descubrió que era una instrucción que provenía de la guerra de Secesión. Servía para que el soldado que había cargado el cañón, tuviese tiempo de ir a sujetar los caballos antes del disparo, pues ocurría que a veces se asustaban y huían descontrolados. En la Primera Guerra Mundial ya no estaban los caballos, pero se mantenía la norma por la inercia de lo que siempre se había venido haciendo.
El siglo XX fue la era de la máquina y, asociados a ese momento, se acuñaron paradigmas funcionalistas. En arquitectura: "la forma sigue a la función". Se entendía que los edificios eran como un bolígrafo, una máquina de fotos, una máquina de escribir, etc. que se usan correctamente de una determinada manera.
Pero como la vieja norma de los 15 segundos, esto es algo que hay que desaprender.
Desde que se inicia el proyecto hasta que se entrega, el programa (la función) a menudo varía. Por tanto, no se trata tanto de que la forma responda a una función sino más bien lo contrario, que la forma responda a la versatilidad.
Los buenos edificios, a lo largo de su vida, pasan por usos muy diversos y eso, lejos de ser un problema, es una puesta en valor de esas construcciones.
S’Escorxador de Palma era un matadero de animales y ahora es centro cultural, sanitario, mercado, supermercado, lugar de ocio, etc.
Palacios mallorquines insostenibles económicamente por su tamaño se han convertido en espacios comerciales, hoteles, etc.
Algunos molinos de Mallorca son ahora restaurantes, salas de fiesta, oficinas...
El edificio de Gesa, oficinas, derivará hacia otros usos de carácter municipal.
La Tate Gallery de Londres era una fábrica de energía.
Los antiguos lofts de Nueva York se han reconvertido en parte en lofts de lujo, galerías de arte, etc.